hace un par de semanas me diagnosticaron hepatitis. ya llevaba una sintiéndome like shit. y la hepatitis es muy molesta pero no es grave. son dos meses de cama y abstinencia pero no años.
pero estar enfermo te cambia el ánimo y conforme pasa el tiempo va sacando, no lo peor de uno en un sentido de crueldad, sino de... ánimo, pues.
como primero me diagnosticaron (mal) parasitosis, empecé a tenerle miedo a la comida. antes de que me dijeran lo de la hepatitis de plano perdí el apetito y todavía no lo recupero. yo siempre había comido por placer y ahora cuando como es sólo por hambre.
perdí mi apetito. mis ganas de comer. también de coger. de enfiestar. de jugar. de trabajar. de algo tan simple como comprometerme a ponerle atención a una película durante más de una hora. fue como una depresión, pero sin la tristeza. sin desesperanza o desesperación. más bien no había de qué tener esperanza; un día me iba a levantar sin hepatitis y la vida continuará su curso. perdí el
deseo. y la vida sin deseo no es vida. al menos no es la mía, eso me queda clarísimo.
luego pensé en los enfermos terminales y cómo pueden seguir viviendo sin deseos. con el único deseo de vivir. ¿para qué? si yo me agüito con unas fiebres, náuseas, presión baja, bla, no me puedo imaginar lo que es estar postrado en una cama. al menos cuando se está viejo se revive la vida de uno a pura fuerza de recuerdos, pero si soy joven, si mi vida está delante...
y pensé por qué la gente terminal no se suicida, por qué viven con dolores, por qué se resignan a cada vez más cortos y penosos periodos de lucidez. porque la enfermedad lo hace a uno como enloquecer, eso que ni qué. fiebre. febril. debilidad. frío y calor. separación de la propia identidad a través de la náusea, casi rechazo del placer. por qué me aferro. me imagino postrada en una cama con la promesa de no tener el suficiente aliento para levantarme a dar un paseo y pienso ¿por qué me aferro? por qué me quedo aquí si envidio a los que pueden caminar y tienen ganas, apetito, de reír. por qué, yo independiente, me resigno a depender.
"shit happens. then we die" me daba vueltas en la cabeza.
no tengo respuestas. sólo preguntas.
pero ya estoy mejor.
todavía no ansío un bife de chorizo con una copa de valdubón, ni siquiera una créme brulée.
joder, que ni siquiera he buscado el preciado pastel de castañas, por miedo a no poder disfrutarlo.
(miedo de haberme vuelto frígida, porque mi capacidad de disfrutar está minada.)
extraño la chela pero es más mi sed de frío y amargo.
todavía no araño las paredes por coger (justo en esta frase maulló un gato en la calle)
aún no desespero por ir a una fiesta (ya me perdí dos de queridas amigas)
pero ya estoy mejor: ya quiero reír.